UNA REFLEXIÓN EN MARCHA

lunes, 30 de abril de 2012
domingo, 29 de abril de 2012
LA RUPTURA MATRIMONIAL
Las rupturas de pareja son todo un tema de la literatura moderna. Cómo no lo van a ser. A quién no le ha sucedido, dejar o que lo dejen. Todos tenemos una para contar. Y por suerte o desgracia, se parecen a un cuento de asesinatos, en que lo importante no es el qué pasó, si no el por qué y el cómo.
Os dejo con mi cuento, y otra forma de ruptura matrimonial:
Os dejo con mi cuento, y otra forma de ruptura matrimonial:
LA RUPTURA MATRIMONIAL
Salgo de la cocina, sin desayunar, y abro la ventana del
salón. Pero el olor no se me va de la nariz, lo tengo clavado en el cerebro.
Un olor es lo más difícil de expulsar de un cerebro. Ni la fe consigue expulsar
el recuerdo de un mal olor.
Pero ella desayuna como si tal cosa. Se está zampando una
tortilla de chorizo, unos pepinillos, un bistec y tiene en el microondas un
plato de callos, para luego. Cualquiera diría que está embarazada. Pero no
consigo que la peste, que se acumula en la terraza de la cocina desde hace
siete, siete días, nada menos que siete días, ¡con la de basura que se genera
en una casa!, se quede allí. Al principio solo era la terraza, y un dulzor
agrio en la cocina. Luego invadió la cocina con su maloliente invisibilidad.
Finalmente abordó con descaro el salón y de allí pasó al único dormitorio con
baño del apartamento.
Ella duerme, cose, ve la televisión, folla, como si el olor
no la molestara en absoluto. Cada vez está más contenta, y dice que se alegra
de lo que está pasando. Que es una suerte. Que desde que el olor de la basura
ha invadido nuestra intimidad, se siente más, como decirlo, segura, más mujer.
Se niega a bajar las bolsas, o a que las baje yo.
Por la noche intenté sacar unas bolsas a escondidas,
pensando que dormía como un tronco. Cuando avanzaba a oscuras, con las dos
bolsas grises por el pasillo, encendió la luz y me pilló con las manos en la
masa. Me retuvo con un cuchillo en la mano derecha y con la cara desfigurada
por la emoción y el espanto; rugió:
-Devuelve eso a su sitio. Y vete a la habitación. A partir
de ahora dormiré en el sofá para tenerte vigilado.
Hice lo que me pidió sin decir una palabra.
Pero ni con el aire de la ventana del salón, ni con todas
las ventanas abiertas de par en par, se mitiga el olor. Creo que el olor tiene
consistencia líquida y que está empapando las paredes, los muebles, el sofá,
incluso los electrodomésticos, los periódicos y revistas, los libros, que ya no
soy capaz de leer.
He tratado de persuadirla, pero se niega a escucharme, dice
que nunca ha sido tan feliz. He llamado a la policía, y ellos aseguran que
hasta que no lo determine un juez, nada se puede hacer, y que pueden pasar
meses.
Cuando termina su festín, se acerca al salón y me obliga a
cerrar las ventanas. Una rata cruza la alfombra, se detiene un momento a la
puerta del dormitorio, y se va, como si tal cosa.
Ella dice:
-Betsie, Betsie, ven con mamá.
¿Cómo puede tener el mal gusto de llamar Betsie a una rata?
La conocí en el instituto. Era la muchacha más guapa,
delgada y limpia de todas. Años después, nos casamos de blanco, de blanco, que
contradicción. Y ahora me viene con estas. Supongo que es fruto de una terrible
enfermedad mental.
Por fin decido hacer las maletas. Llamo a mi madre por teléfono
y le digo, entre lastimosos gimoteos:
-No puedo más. No lo aguanto. No sabía que esto iba a pasar.
-Te lo dije- replica mi madre, que disfruta teniendo la
razón después de todo-, esa chica no era para ti.
Hago las maletas y, delante de la puerta, conteniendo las
arcadas de asco, le doy un último abrazo a mi gran amor:
-Te he querido tanto.
Pero ella se ríe como un hurón y replica:
-¡Por fin! ¡Lo que me ha costado que te largaras!
Manolo Yagüe
sábado, 28 de abril de 2012
MARK TWAIN Y EL TALLER LITERARIO
La lectura de los cuentos de Mark Twain, además de resultar
una diversión absoluta, nos aporta una idea para una práctica de escritura
de taller literario.
Pero, primero vayamos al texto de Twain, que se corresponde
con el principio de “Un cuento sin final”:
“En el barco teníamos un entretenimiento que nos ayudaba a
pasar el tiempo…, al menos por la noche, en el salón de fumadores, cuando los
hombres se recuperaban de la monotonía y el aburrimiento del día. Consistía en
terminar historias inacabadas. Es decir, alguien contaba una historia menos el
final, y luego los demás trataban de proporcionar un final inventado por ellos
mismos. Cuando todos los que querían probar suerte terminaban, el hombre que
había contado la historia relataba el final verdadero…, y luego se podía
elegir. A veces los finales nuevos resultaban mejores que los antiguos.”
Un cuento sin final,
Mark Twain. Cuentos selectos, Editorial Debolsillo.
Creo que la práctica no requiere más explicación. Cada participante
escribe un cuento. Pero no debe contar el final, para que los demás aporten su
final preferido. Luego se lee el cuento completo, y se decide cuál es el mejor
final. Como dice Twain en su cuento, a veces los finales nuevos resultan
mejores que los antiguos.
Y por supuesto no dejéis de leer a Mark Twain. O no os lo
perdonaréis nunca.
Manolo Yagüe.
viernes, 27 de abril de 2012
NUNCA HE HECHO ESTO ANTES
Qué creías, que te lo montarías con la chica.
NUNCA HE HECHO ESTO ANTES
María se quitó la camiseta, ven aquí, no
tengas miedo, dijo. No llevaba sujetador, y sus senos eran redondos como
globos o planetas.
Yo me acerqué como un cobarde, nunca he hecho esto
antes, dije, mientras llevaba el cuchillo a su vientre y se lo clavaba sin
más en el estómago.
Relatos hiperbreves del más allá, Manolo Yagüe.
miércoles, 25 de abril de 2012
DIARIO SECRETO
DIARIO SECRETO
(Extractos del diario del Abogado X encontrados por la
policía).
10 de noviembre
Me ha llegado una carta. En la carta dice: venimos a verte,
somos tres, tenlo todo preparado. Pero por supuesto no aparece ninguna otra
información, ni dirección, ni sellos. Eso significa que ya han estado aquí. Me
he puesto nervioso, porque no esperaba una respuesta tan rápida. Un año y
medio. Desde luego me he puesto a prepararlo todo, sin importarme lo que
pudiera pasar en adelante. He llamado al despacho fingiendo una indisposición,
mi secretaria me ha contestado, recupérese cuanto antes, le necesitamos aquí, a
sabiendas de que no es verdad. He comprado las sábanas, los cuchillos,
alicates, cinta adhesiva, etc, que
necesitarían para su trabajo. Y por supuesto, un maletín dentro de una caja
fuerte abierta, con un millón de dólares. Mi vida ha sido una mierda, un asco
indigno de contarse. Un suplicio continuo y liviano, comparado con lo que estos
hombres me vayan a hacer, suponiendo que sean hombres, y no haya una mujer.
¡Ojalá haya una mujer!
11 de noviembre
Al finalizar la velada del sábado, pedí dormir con tan interesante y atractiva mujer. No hubo ningún problema.
Yacimos juntos y aunque fue una experiencia sublime, como en los mejores cuentos orientales, no conseguí que me dijera su verdadero nombre: ¿Por qué no me dices tu nombre verdadero? Insistí yo. Porque entonces te enamorarás, y no querrás seguir. La decisión está tomada, aseguré. Si te arrepientes, lo que hagamos mañana será como un asesinato. Dime tu nombre, te prometo que no me voy a arrepentir. Ella dijo su nombre pero me hizo jurar que yo no lo utilizaría delante de sus compañeros. Y se lo prometí.
12 de noviembre
Cuando por fin parece que el macabro juego se acaba me han pedido que les dijera mi última voluntad. Les he dicho que quería estar a solas en mi estudio durante cuarto de hora. Me han traído, pues ya no puedo caminar por culpa de algunos huesos rotos, y me han sentado en la butaca. Con un esfuerzo supremo de voluntad escribo estas últimas notas, que esconderé en un cajón secreto, en espera de que ellos no lo encuentren.
Mi vida ha sido desgraciada, pero ahora en el último momento dos asuntos me torturan por encima de todo: la idea de morir, que me espanta; y que ella, cuyo nombre respetaré tal como prometí, haya podido sentir en algún momento que estaba cometiendo un asesinato.
Relatos hiperbreves del más allá, Manolo Yagüe.
martes, 24 de abril de 2012
NICANOR PARRA RECITA "EL HOMBRE IMAGINARIO"
En esta entrada imaginaria, delante de mi ordenador imaginario, a las seis de la mañana de un amanecer imaginario, escribo este post, por supuesto imaginario. En recuerdo de ese escritor chileno imaginario, que escribió bellos antipoemas imaginarios, leídos, como no, por emocionados lectores imaginarios.
NICANOR PARRA RECITANDO EL POEMA: "UN HOMBRE IMAGINARIO".
NICANOR PARRA RECITANDO EL POEMA: "UN HOMBRE IMAGINARIO".
sábado, 21 de abril de 2012
HUMOR NEGRO: LA CANTIDAD DE CORDEROS QUE MATAN CADA NOCHE
¿Humor negro? Espero que no me odien a partir de ahora:
Los autobuses de turistas llegaban uno tras otro, se detenían en la explanada de asfalto, y los despistados y animosos viajeros se arremolinaban en el portón del restaurante.
Me alejé del alemán que me había estado acompañando en el trayecto, y con mi cámara de fotos hice una toma panorámica de toda la escena. Había tomado por costumbre hacer fotos de los estúpidos turistas, entre los que me incluía yo. Nadie gritaba, educadamente se cedían el paso en la puerta, a los viejos, a las mujeres y a los niños especialmente, y parecían sumidos en una suerte de mística resignación. Y todo ello sin perder la sonrisa.
La mayor parte alemanes, pero también ingleses, americanos, algún sueco.
Hacía un calor mezquino, eran las dos y media de la tarde, en pleno agosto, en mitad de un yermo de castilla.
-En la puerta del campo de concentración era igual.
Oí que me decía el alemán, a mi espalda.
Me quedé paralizado.
El viejo caminó despacio en dirección a la puerta, recortado al deslumbrante sol como una sombra negra, con su enorme corpachón y su característico pelo amarillo.
Relatos hiperbreves del más allá, Manolo Yagüe.
LA CANTIDAD DE CORDEROS QUE MATAN CADA NOCHE
-Me imagino la cantidad de corderos que matan cada noche
para dar de comer a toda esta gente-, reflexionó el alemán en un más que
decente español, con su acento lleno de escupitajos.
Nos habíamos parado en un enorme aparcamiento a pleno sol,
en un secarral de Segovia, donde nos llevaban a comer la especialidad de la
zona, el cordero asado. Los autobuses de turistas llegaban uno tras otro, se detenían en la explanada de asfalto, y los despistados y animosos viajeros se arremolinaban en el portón del restaurante.
Me alejé del alemán que me había estado acompañando en el trayecto, y con mi cámara de fotos hice una toma panorámica de toda la escena. Había tomado por costumbre hacer fotos de los estúpidos turistas, entre los que me incluía yo. Nadie gritaba, educadamente se cedían el paso en la puerta, a los viejos, a las mujeres y a los niños especialmente, y parecían sumidos en una suerte de mística resignación. Y todo ello sin perder la sonrisa.
La mayor parte alemanes, pero también ingleses, americanos, algún sueco.
Hacía un calor mezquino, eran las dos y media de la tarde, en pleno agosto, en mitad de un yermo de castilla.
-En la puerta del campo de concentración era igual.
Oí que me decía el alemán, a mi espalda.
Me quedé paralizado.
El viejo caminó despacio en dirección a la puerta, recortado al deslumbrante sol como una sombra negra, con su enorme corpachón y su característico pelo amarillo.
Relatos hiperbreves del más allá, Manolo Yagüe.
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